Vale, Faustino, le comentaba, si no le importa, para que quede constancia también. Estábamos hablando, bueno, hablábamos del cementerio y las tumbas que hay allí en el Alto del Todo, en la zona del Castillo Abandonado, que están todas orientadas por algún motivo, con esas coordenadas, que todas las tumbas dispersas están, digamos, orientadas de esa manera, y usted me comentaba que eso se podía deber a que el sol salía desde el sureste, ¿verdad? El sol sale por aquí. Sí, sí, pero están orientadas por ese motivo, ¿no?, por el sol. Sí, están orientadas por ese motivo. Por ese motivo. Y usted me comentaba que los moros que había aquí, su dios era el sol. Su dios era el sol. ¿Me puede seguir por ahí? No, que los moros, y otro vez te decían también, dicen los moros, que ellos se fueron porque aquí, como los moros vivieron por aquí hasta la guerra que hubo aquí. Y entonces, para la guerra, el caudillo franco, la voy a nombrar, los engañó. Les dijo que si ganaban la guerra, si les ayudaban a ganar la guerra, los dejaban vivir aquí en España. Y al ganar la guerra, los echaron. Sí, bueno, se aprovechó un poco, ¿no?, después cuando acabó. Pero el tema este... ¿Qué le quieres, un café? El tema este de que los moros estuvieron aquí hasta la guerra. Sí, hasta antes de la guerra había, claro. Pero con eso se refiere no a gente de allí, sino a gente de aquí, ¿se refiere usted? ¿A qué se refiere? Porque aquí no había moros en aquel entonces, o sea, los moros se acabaron hace mucho tiempo. No, para la guerra aún vivían moros. ¿Quedaban por aquí todavía algunos? Vale, aquí entramos en terreno... Mira, mi padre hizo los arrumpíos, y eso fue para la guerra. ¿Pero explíquese lo que es un arrumpío? Un arrumpío es... Como no le dejan... Y tenías que coger, quitar monte y hacer un terreno para sembrar, para comer, si no, no había comida. Hacer un terreno nuevo para sembrar... Para comer. Y hizo los arrumpíos que estaban en la cueva de Alcantar, arriba, en el Alto de la Piedra. Y mi padre esfarató el moro que tenían ellos para cocer el pan, que yo llegué a verlo donde estaba el moro, bueno, donde estaba el horno. Un horno de ellos. Y seporturas en la cueva de Alcantar. Hay seporturas hechas en la Piedra Viva, de los moros. ¿En serio? ¿Digamos como vestigios o pinturas? No, no, pinturas no. Allí es, subes al peñasco y ves lo que es la tumba, caba, lo que hay allí ya no lo sabemos. Caba en la Piedra Viva. Qué curioso. Les comento una cosa. Sí, sí, hable, hable. Te corto la conversación. Mira si estuve en los moros ahí, cuando hicimos el carril ese de aquel lado, que se lo llevaban por otro lado, tras ahí por mí, bajo, por allí van de bajo, porque yo dije para la huerta, porque de allí lo tenían encarado. Bueno, esta señora. Yo eso no lo sé. Ahí por la tubilla. Entonces yo era el pedaño y le dije, digo, no, el carril por aquí abajo, para que coja la huerta. Pues si el carril lo hacéis, y lo hacéis a media solana, y los vecinos de aquí no se benefician, pues echadlo por la huerta, por la orilla de la huerta, y se benefician todos los vecinos del camino, digamos, del carril. Y entonces, donde se baja el camino, que baja, ahí por donde empezamos a subir la cuesta esa, donde está la curva ya malada. Aquí enfrente. Ahí cuando bajó la máquina, sacó ahí unas piedras y cosas de los morros. ¿De alguna antigüedad que había ahí? Un tesoro, un tesoro, ¿verdad? Bueno, aquí sí que hablaban del tío, no lo bautizaron como el tío Millones, no se encontró un tesoro, alguien, y se llevaron a fábrica. Ese es el señor tesoro. ¿Pero no llegó a verlo? Tú sabes a dónde cababa ese. ¿Ahí en las Terreras o era dónde? Ahí, tú sabes, yendo para Paterna, por el camino viejo. Sí. ¿Te acuerdas cuando blincaba? Que arriba tenía, era de… De Bence. De Bence y de… Y de José. Y de José y de Pólito. ¿No sabes que hay una fuente allí? Pues allí se hinchó a cabales, porque había soñado que había un tesoro y ya nada. Mi padre contaba una historia de alguien de por aquí, el tío Millones, no sé quién, que encontró un recipiente cerámico lleno de oro y se fue a las fábricas y aquel lo engañó. Dice que eso era metal, que no valía y se encontró… El tío Millones… Lo engañó. Mi padre lo contó. Le dijeron eso. Pero aquí lo que eran entonces la gente era medio torpe, porque mira, aquí abajo, que yo sé por Andrés Pizca Paja, venía uno de fábrica… Pizca Paja se dice aproximadamente. Pizca Paja es aproximadamente. Muchas gracias, eso es muy interesante Pizca Paja. Pizca Paja quiere decir aproximadamente. Bueno, un tío que venía de las fábricas vivía de eso, de lo que se llevaba de ahí, del mineral que cogía ahí. Venía todas las semanas una vez de las fábricas con una yegua a coger material ahí y no fueron capaces de acercarlo a ver dónde lo sacaba. A ver dónde lo sacaba, ¿no? Interesante. Es muy curioso lo que ha comentado Faustino porque me ha sorprendido mucho el tema del sol, lo que me comentó antes del sol. Pero es muy curioso porque hay un artículo, un reportaje de La Vanguardia, del periódico de La Vanguardia del año 2006, de un periodista que se llama Eugeni Casanova. Es un periodista de Lleida y vino aquí a Riopar a hacer pues entrevistas con personas, ya sabe la historia del lugar y os comento, estaba entrevistando a este periodista a una persona mayor, un anciano de Riopar que se llama Antonio Catalán. Estaba entrevistando y el periodista le decía a Antonio Catalán, le decía, oiga Antonio, ¿usted ha escuchado alguna vez aquí en Riopar? ¿Ha escuchado, ha visto, ha escuchado de musulmanes aquí en Riopar? Y le dice Antonio Catalán, el anciano, le dice ¿Musulmanes? Y le dice el periodista, sí, moros. Y le dice Antonio Catalán, moros no, no, aquí en Riopar aquí no hay eso, aquí no hay moros, aquí no hay eso. No, pero a Belche había. Le dice Antonio Catalán, no, aquí no hay eso. Y le dice el periodista, vale, ¿usted ha escuchado alguna vez de Adoradores del Sol? Adoradores del Sol. Y le dice Antonio Catalán, Adoradores del Sol. Y le dice el periodista, sí, Adoradores del Sol. Y le dice Antonio Catalán, pues todos. Aquí yo cuando, aquí, yo cuando era pequeño, dice Antonio Catalán, esto está en el reportaje, yo cuando era pequeño, que yo entiendo que eran los años 40, años 30 quizás, yo cuando era pequeño en Riopar Viejo, señaló en Riopar Viejo, arriba, en donde jugaban a la boleada, a la bolera, a la bolea, perdón, que consistía en coger una roca y tirarla. No, una roca, una bola de metal, de hierro. ¿Qué peso tenía aquello? Había de libra y media y de dos libras. ¿Y la libra qué era, medio kilo? No llega al kilo. No llega a medio kilo. Si era una bola, maciza, y era a tirar, bueno, de tirar marca. Mira, el kilo tiene mil gramos, ¿no? Pues la libra tenía, no llegaba a algo más de 700, pero a los 800 no llegaba. Tres cuartos de kilo. O sea, la libra. Bien digo, las dos libras. Las dos libras, sí, que eran tres cuartos de kilo. Sí, me acuerdo que era lo que cogían la mano, más o menos. Consistía en ver quién la tiraba más lejos. Sí, se hacía una marca, de todo eso apostando, o bien vino sangría, que aquí le llamamos cuerva, aquí siempre se llama cuerva. Vino con azúcar y fruta, como la sangría. Yo cuerva le llamo a la mujer de los cuervos. Pero bueno, lo que se hacía para la cruz era cuerva, o por una fiesta, por una boda. Entonces, apostaban ahí, se apostaba, ¿no? A ver quién la... Claro, se hacía una marca... Y se perdía pagado. Ah, ¿quién perdía pagado? Claro, claro. Bueno, como te iba diciendo de la begallera, ¿la begallera sabes dónde está, no? ¿Perdón? Begallera. Detrás de la montaña. Detrás de la montaña está, ahí es una aldea de molinicos, que van a hacer la fiesta el día 16, 17, trae el toro y todo. Bueno, pues ahí, ahí habitaban los morros, cuando ellos. Y se fueron, diciendo los morros, que eso era de ellos. Que ellos se iban, pero después, los que iban a correr, eran los begalleros pa irse. Que volverían, quiere decir, que volverían un día, ¿no? Y luego decía un refrán, que eso yo se lo he oído a Mar de un begallero, si hablas con él, se lo oyes. Dice que le decía al morro que si los begalleros supieran Anderraya el Sol del mediodía, no pararían de cabal, ni de noche, ni de día. Un refrán. Que había una mina. Un refrán. Claro, hay que saber exactamente. Anderraya el Sol, no, pero tú te pones una sombra. Sí, sí, sí. Antes no había reloj. ¿Tú sabes cuándo yo sabía que era la una? Cuando me ponía así de pie, a Anderraya el Sol, y me pisaba la cabera. A la sombra llegaba ahí y era la una en punto. Es una buena manera, es una buena técnica. Bueno, los días de sol, claro, porque cuando estaba nublado ya estaba la cosa mejor. Cuando estaba nublado nos comíamos la merienda a la hora que llegaba. Pero una pregunta, Faustino, el tema de begalleros, ¿verdad? Begallera, begallera. Begallera. Cuando los moros se fueron de ahí y dijeron, no sé qué, aquí y tal. Pero cuando se fueron ellos, ¿en qué año fue eso? Pues a lo mejor los últimos se fueron para la guerra. Cuando hubo la guerra, que fue en el 36 por ahí, entonces fueron. Pero, Faustino, ¿esto es...? ¿Qué begallero? Los últimos. A lo mejor quedaba un poco. Eso del refrán hay que tenerlo de sospendiente, a ver dónde cargarlo. Joder. Diga, diga, diga. En la begallera, tú no has estado por ahí, pero al lado de donde vivía la María. ¿La María quién era esa mujer? La mujer de José. La María. Ah, esta de aquí, de José. Sí, ya.